sábado, 21 de junio de 2008

LA DISTRIBUCIÓN DEL INGRESO Y EL DESARROLLO

Mario Blacutt Mendoza
Roberto Laserna y Juan Antonio Morales dictaron una conferencia sobre lo que el primero denominó "Rentismo" es decir, la propuesta de que una tercera parte de los recursos que recibe el Estado boliviano, provenientes de la tributación a los hidrocarburos, se distribuyan a las personas mayores de 18 años en todo el territorio nacional. En este aspecto, tal como lo afirma Armando Méndez, expresidente del Banco Central de Bolivia y partidario de los principios neoclásicos de la economía, dos razones fueron expuestas por los conferencistas para avalar la decisión: "la primera, que se considera que los recursos naturales son de propiedad de todos los bolivianos y, segundo, que se supone que quién mejor asigna los escasos recursos de toda economía son las personas consideradas individualmente y no así el Estado."A continuación Armando Méndez propone una alternativa a la propuesta: si el Estado ha de otorgar a los ciudadanos bolivianos bienes que pertenecen al país, que sea en forma de propiedad y no de rentismo.
Por mi parte, me aproximo más a la idea propuesta por los dos conferencistas citados, sobre todo, a la que Juan Antonio Morales, Decano de la Facultad de Ciencias Económicas y Financieras de la UCE y también expresidente del Banco Central, expresó en su respuesta a una pregunta que le hicieron: creía en la importancia de la distribución del ingreso para lograr el desarrollo económico y social del país.
De esta manera, a las dos razones citadas por Armando Méndez sobre lo dicho por los conferencistas, yo añado las siguientes reflexiones:
a) El desarrollo económico per se no sólo es incapaz de frenar el avance progresivo de la pobreza en el mundo, sino que se ha convertido en su causa principal.
Para hacer esta afirmación, me apoyo en mis propias percepciones y en los economistas de mayor prestigio actual, tales como el Premio Nóbel en Joseph Stiglitz, Paul Krugman, Amartya Sen, también Premio Nobel, la CEPAL y, por supuesto, los conceptos del Desarrollo Humano del PNUD.
Tomemeos un ejemplo concreto; según el Banco Mundial, el PIB percápita en Bolivian es alrededor de $1130 anuales; ahora bien, debido a que las estadísticas nacionales dicen que 70% de la apoblación está en el cinturón de pobreza, podemos tomar el 50% para decir que el ingreso percápita de este segmento de la población no llega a 250, mientras que el grupo que concentra el ingreso, es decir, el 10% de la población tendría un ingreso percápita de alredor de $12.000 anuales. Supongamos ahora que se inicia y cumple un proceso de desarrollo del 5% netos acumulados en los próximos 10 años (descontando la inflación y la población) con una distribución perfectamente equitativa del ingreso. En este caso, los que ahora reciben $12.000, al cabo de 10 años recibirán $19.560 anuales, mientras que los que ahora reciben $250, tendrán un ingreso percápita de $407.
La pregunta es ¿a pesar de haber acudido a suposiciones tan optimistas, como son las de un desarrollo sostenido del 5% neto anual durante 10 años y una distribución perfectamente equitativa del ingreso, algo que no sucede jamás, la brecha entre los que concentran el ingreso y los que sufren de pobreza no se habrá cerrado ni en un centavo.
Pero, en la realidad, la distribución del ingreso está muy lejos de ser equitativa; al contrario, a medida que aumenta el ingreso nacional la brecha se agranda más que proporcionalmente.
Esto significa que la vieja letanía: "para que todos tengan una porción más grande de la torta, la torta debe crecer" ha dejado de ser cierta y se ha convertido en el sofisma más peligroso y generalizado de todos los tiempos.
La experiencia de la globalización neoliberal en el planeta nos muestra que el crecimiento per se sólo beneficia a los estratos de ingresos altos, dejando en peores condiciones a los que están condenados a la pobreza. Esa misma experiencia nos muestra que la letanía neoliberal debe ponerse patas arriba para ser reemplazada por la siguiente afirmación: para que haya un desarrollo económico y social, es preciso que parta de una distribución más equitativa del ingreso.
Eso es algo que los fundamentalistas del neoclasicismo no lo van a aceptar jamás, aunque la conferencia a la que nos referimos ya ha planteado la necesidad de una distribución más equitativa del ingreso, ya sea como rentismo o como propiedad, esto es, han mostrado su posición de no fundamentalistas sino de representantes de una escuela de pensamiento legítima. Ese es un gran salto cualitativo en el pensamiento neoclásico nacional, un salto que nosotros aplaudimos con gran convicción
b) Las diversas variaciones del keynesianismo, que en el fondo parten también de supuestos neoclásicos, aunque un poco más flexibles, dicen que la Propensión Marginal al Consumo (PMC) es menor que uno; es decir, si una persona recibe un dólar, éste gastará, digamos $0.80 y ahorrará el resto, esto es, $0.20. La arbitrariedad de establecer una PMC menor a uno, nace de la necesidad de mostrar los supuestos efectos de un multiplicador; puesto que si se supusiera que la gente no ahorra sino que gasta cada dólar adicional, el multiplicador sería infinito y no cubriría las expectativas del modelo keynesiano en su disferentes variantes.
Pero el lector puede darse cuenta que en Bolivia, por lo menos el 70% de la población, si recibiera un dólar más no ahorraría nada de él; al contrario, lo gastaría todo, lo que equivaldría a decir que su propensión marginal a consumir es uno, no menos de uno, pues cada dólar adicional es gastado sin que tenga la posibilidad de ahorrarse un solo centavo. La pregunta al respecto es: ¿en qué gastan los pobres cualquier dólar adicional que reciben? ¿lo harán cambiando sus celulares por un modelo de moda? ¿importarán perfumes? ¿aumentarán sus cuotas para pagar un auto último modelo? No señores; los pobres usarán cualquier dólar adicional principalmente para paliar el hambre que sienten, para comprar más alimentos; al hacerlo, aumentarán la demanda por los bienes que se producen en el país en beneficio del empresario nacional.
De ahí es que en mis diferentes intervenciones, siempre he recaldado la comunidad de intereses que existe en el país entre los pobres y el empresario nacional: un incremento de ingresos de los pobres es un aumento en la demanda de lo que producen las empresas nacionales. Solamente dos corrientes de pensamiento: la marxista y la neoliberal, pretenden desconocer y anular esta comunidad natural de intereses tan vital para el país y tan necesaria para su realización.
De esta manera, la distribución de los ingresos que proponen Roberto Laserna y Juan Antonio Morales, no se expresará necesariamente en un mayor ahorro por parte de los pobres, sino en una mayor demanda de lo que producen nuestros empresarios y, con ello, una expansión de los niveles de inversión no provenientes del ahorro ciudadano, sino de las empresas mismas.
En lo que se refiere al ahorro que la distribución propuesta del ingreso motive en los estratos de ingresos altos, no tendrá mayor trascendencia, dado que el ingreso extra que reciban, producto de esa eventual distribución, representará un porcenaje tan exiguo en sus ingresos que no vale la pena tomarla en cuenta.
c) En principio, yo guardo una gran simpatía por cualquier política que implique una distribución más equitativa del ingreso, pero creo que ésta, para lograr los objetivos propuestos, debe basarse en políticas discriminatorias.
Si toda persona mayor de 18 años ha de ser privilegiada con la repartición de estos ingresos, entonces lo serán por igual el haparapita que pide limosna en la calle y el que maneja un Mercedes Benz, lo que no puede ser verdaderamente equitativo.
Aún usando los instrumentos del modelo neoclásico diremos que la utilidad marginal del dólar extra recibido por el pobre es mucho, pero mucho mayor, que la del dólar recibido por el rico. En consecuencia, la distribución del ingreso, aún desde la óptica neoclásica, debe ser discriminada y circunscrita a los estratos más vulnerables de la población nacional.
En mi criterio, estos recursos debería ser distribuidos entre las mujeres mayores de 18 años del sector rural del país, pues ellas no sólo constituyen el segmento más vulnerable y marginado, sino que, en su mayoría, son las que se preocupan directamente de la manutención de los hijos como responsabilidad principal
d) En la conferencia se dijo que la propuesta de la nueva distribución de una parte de los recursos de IDH deberían reemplazar a las subvenciones.
En mi criterio, las subvenciones también deberían ser discriminantes; en principio, reitero que la propuesta, con las salvedades hechas, me parece digna de analizarse, a la par del análisis de las subvenciones. Una subvención al pan, privilegia por igual a todos, ricos y pobres, por lo que parecería pertinente su reemplazo con una distribución del ingreso, luego de un análisis de costo-beneficio que comparen las situaciones antes y después de tomar las medidas respectivs. Pero creo en la subvención a la empresa nacional, por ejemplo, en el caso del diesel.
Otra de las constantes que tengo en mis participaciones es la que se refiere a la necesidad de una sólidad alianza entre el Estado y la Empresa; ahora no se hablan y cuando lo hacen, se insultan. El Estado debe apoyar a la empresa nacional, pues sin su apoyo, los empresarios no podrán cumplir con la producción que permita satisfacer la demanda interna y, después de que ésta sea satisfecha, competir en el mercado internacional.
De todos estos puntos concretos hablaremos con más detalle. Lo que deseo recalcar ahora es el cambio de percepciones de los teóricos neoclásicos nacionales en favor de una distribución más equitativa del ingreso, a pesar de las diferencias de matices y de grado que cada uno de ellos expone sus preferencias. Esas son buenas noticas para el país.
Saludos cordiales
Blacutt
Enviado por mario.blacutt@gmail.com